“Prefiero amar y que se me rompa el corazón a que se me vuelva de piedra”.
Daniel Habif.
Nuestro querido maestro Jesús, cuando estuvo aquí en la Tierra, abrió su corazón a muchas personas que lo hirieron y no por ello dejó de amar.
Él aprendió a ver las heridas en las personas y eso mismo siento que he estado experimentando yo.
No porque me hayan herido voy a cambiar quién soy, ni mis valores. Las heridas que se abrieron fueron porque no estaban cicatrizadas y esas personas solo hicieron de canal para recordarme que aún supuraba.
Cuando la verdad duele
Cómo nos duele ver la verdad, chocarnos de bruces cuando no nos esperamos algo y ¡zas!, en toda la cara.
Pues sí, confiamos y nos traicionan, amamos y nos rompen el corazón, valoramos y no nos valoran, ayudamos y no nos ayudan.
¿Y sabéis qué?
Que a veces esperamos que esa misma persona sea la que aplique la ley de la reciprocidad, que cuando entregamos algo esperamos que venga de vuelta.
Y queridos, eso no es amor, eso es expectativa.
Es un amor con condiciones y el amor con condiciones no es un verdadero amor.
Vinimos a aprender a dar y a servir sin esperar nada a cambio porque Dios se encarga de la justicia y de que todo se ordene, no nosotros.
Cuando descubres lo que aún estaba herido
Lloras, te desespera la incertidumbre, sientes que estás en rehabilitación saliendo del enganche que tenías a lo que creías que era una relación de pareja de amor incondicional.
Y te das cuenta, al pasar el tiempo, de que hubo muchos capítulos de apego y de expectativas, de querer cambiar al otro, de querer salvarle, de querer imponerle tu visión del mundo, de querer impulsarle a la vez para su crecimiento y eso sí lo hiciste con amor.
Escuchas la música y te lleva a esas emociones tan vivas que sentiste en tu cuerpo y aún eres capaz de sentir.
Y sientes cómo, aún a pesar del tiempo, caen las lágrimas de tus ojos.
El camino al amor puro está lleno de barreras que hay que ir saltando para acercarnos al hueco, y ahí vaciarnos completamente para liberarnos y que, cuando sea el momento, emerja lo nuevo.
La música nos lleva a sentirnos vivos, recordando de qué estamos hechos, de lo que hemos vivido, de lo que nos ha traído al punto de inflexión donde estamos.
Tratas de tapar ese dolor con un parche y llega alguien a quitarlo para que te des cuenta de que eso aún sangra, de que la herida aún no maduró y que está en proceso y que tú estás en proceso de reconstrucción.
Que nunca volverás a ser la de antes.
Que esta dureza te enseñó a ser más fuerte y a amar más puramente y a reconocer cuándo actúas desde el amor incondicional y cuándo desde el apego, desde el miedo.
Amar sin expectativas
Si quieres que gane la partida el amor incondicional, debes ser valiente y aceptar cada presente tal cual es e ir pasando las pruebas que tu alma va manifestando.
Tómalo como un videojuego en el que vas pasando pantallas y, cuando ya hayas soltado el resultado de una vez, te darás cuenta de que la rehabilitación sirvió, de que la herida cicatrizó porque le diste el cariño que precisaba y era reconocerte a ti misma, amarte cuando más te necesitabas.
El corazón se rompe en mil pedazos después del desamor y vuelve a construirse con el tiempo y la comprensión de cada suceso.
Cada nuevo pedacito es de amor propio.
Y con cada pieza armas un nuevo puzzle lleno de más luz y conciencia.
Con amor,
Désirée.
Gracias por tus sabios consejos y enseñanzas. Gran persona, tendría que haber más gente en este mundo como tú.
gracias a ti Mario por recibirlo:) y por tus buenas vibras y bellas palabras. Te abrazo fuerte!
Agradecida siempre
Como ayudas
Arropas con tú reflexión
Que bien
Fortaleces
Gracias a ti Alicia por leerme y descubrirte a través de mis palabras! Me alegra mucho que te sientas arropada te mando un abrazo de corazón a corazón.