La vida es una espiral donde cada experiencia nos transforma, nos mueve y nos prepara para la siguiente versión de nosotros mismos.
Si observamos el mar, unos días está en calma y otros está revolucionado, al igual que nosotros los humanos. Por eso todos formamos parte de la naturaleza y de una misma creación.
Dentro de ésta espiral existen ciclos vitales. Y cada cierto tiempo cerramos uno para abrir otro nuevo. Y ahí es donde comienza esa montaña rusa de emociones que nos lleva a encontrar calma en muchos recuerdos y a encontrar caos en muchos otros.
Los recuerdos están en nuestra mente y en nuestro corazón.
Mediante el corazón sentimos cada emoción que nos llega al recordar. Y través de la mente podemos ver imágenes como si fuera una película, con cada detalle en cada escena.
E incluso si somos una persona con inteligencia más kinestésica podremos recordar los sonidos u olores de esos instantes.
La importancia de vivir cada proceso
Es importante vivir cada proceso para dejar ir lo que ya no vibra del todo con quien somos.
Porque cuando llega éste momento de cerrar un ciclo es precisamente por eso. Porque nuestra alma necesita dar un paso más.
En éste cierre dejamos ir lugares y personas que formaban parte de nuestra vida. Porque tenían que hacerlo mientras nos encontrábamos ahí. Formaban parte de nuestros aprendizajes, nuestra calma y nuestro caos.
Cada uno tenía un rol en nuestra vida y venía a cumplirlo.
El dolor también enseña
Es muy sanador llorar al recordar todo eso que se esfuma de nuestra vida, que durante un tiempo nos hizo tan felices.
Por otro lado llorar al recordar todo el caos que algunas personas crearon en éste ciclo.
Y eso nos movió a enfadarnos, a sentir rabia, frustración, decepción e incluso a veces odio.
Si lo miramos de forma más profunda, esas personas llegaron a nuestra vida para ayudarnos a despertar partes de nosotros que quizá no recordábamos que teníamos y salieron a la luz.
Sí, te sacaron la sombra que pensabas que ya se había disuelto.
Quizá te recordaron miedos de tu etapa de adolescente o de niño/a.
Y es ahí donde puedes observar qué vinieron a enseñarte éstas personas. Podríamos llamarles maestros “camuflados”.
Porque tú piensas que vienen a fastidiarte la vida. Y después resulta que te empujan a salir de tu zona de confort, a ampliar tu visión, a sanar emociones y a llenarte de energía para poder sostener el cambio que está llegando a tu vida.
Para que llegue lo nuevo…
Aprendí que para que llegue lo nuevo hay que dejar ir lo antiguo.
Y esto conlleva tener conversaciones incómodas, hacer limpiezas en el hogar, tirar cosas materiales que están rotas o donar las que ya no usamos.
Decir adiós a lugares que algún día nos enamoraron.
Hacer mudanzas y vivir sensaciones como la nostalgia.
Y de repente te sentirás molesto porque no quieres dejar eso atrás y pensarás que estás loco, que no sabes lo que quieres…
Pero no, no estás loco, estás vivo y estás sanando para poder avanzar!
Cerrar ciclos también es un acto de valentía
Requiere valentía, confianza, entrega y apertura el hecho de cerrar ciclos.
Si los cerramos como merecemos estamos dando un sí a nuestra alma para que siga evolucionando.
Y también podemos dar las gracias a los miedos que hacen de canal para que esto suceda.
En mi caso ahora mismo doy las gracias al mar por inspirarme a escribir éstas palabras.
Una pregunta para tu corazón
¿Para qué estoy cerrando éste ciclo?
Tras hacerte ésta pregunta cierra los ojos.
Ponte la mano en el corazón y escucha la respuesta. Que ahí está la verdad.
Me encantará leer vuestras vivencias u opiniones.
Con amor,
Desirée
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