<<Cuando la vida te entrena para convertirte en quien estás destinada a ser>>
Cuando todo fuera parece un caos
Una palabra que llevaba asomando varios días en mi pensamiento al despertar: resiliencia.
Me encontraba con mi vida (mi mundo externo) hecho un caos, mi situación sentimental nublada, mi camino laboral en el aire con incertidumbre, la casa donde vivía, que se suponía que era mi hogar, me tocaba compartirla con alguien que tenía una energía muy densa, lo que llamamos un “vampiro energético”, que te va chupando la energía y te deja agotado.
Esa persona tenía mucho dolor dentro y, al no saber cómo canalizarlo, sacaba todo contra mí. Ese era mi sentir, como si toda esa oscuridad hubiera entrado en mi casa…
¡Qué conflicto! Imaginaos mi incomodidad y cómo yo trataba de alejarme de ello para que no invadiera mi campo energético y no me dejara arrastrar…
Proteger tu paz se convierte en una elección
Cuando conocemos y aprendemos cómo influye la energía de nuestro entorno en nosotros, ya no podemos sostener lo que no nos hace bien y, de forma inteligente, elegimos que nuestro sistema nervioso no se altere.
Así que, en muchas de las ocasiones, yo decidía alejarme de esa energía e irme a mi habitación porque eso no podía ser más fuerte que mi luz, ni iba a permitir que me robara mi tan cultivada paz.
Aprender a habitar nuestro cuerpo
Es imprescindible ser conscientes en cada momento de cómo se encuentra nuestro sistema nervioso, si está relajado o alterado.
Cuando sentimos ansiedad, miedo, estrés, enfado, ira, estamos en estado de supervivencia (nuestro cerebro reptiliano activado) y ahí nuestro sistema nervioso se altera, y es momento de poner en práctica nuestra capacidad de canalizar las emociones para poder tranquilizarnos y salir del estado de alerta.
En ese momento estás entregando tu poder al otro porque te estás desconectando de ti y, si lo permites, ves que cada vez te sientes más chiquitito e insuficiente.
Ahora también te digo el lado positivo: si no sucedieran estos momentos, no podríamos aprender a habitar nuestro cuerpo, que es nuestro mayor propósito aquí en la Tierra.
Con conciencia, poco a poco, cada vez vamos aprendiendo a transmutar esas emociones más rápido, dejándolas ir y conectando posteriormente con lo que somos en esencia, paz y amor en unidad con nosotros y con los demás.
Cuando la vida te pone la misma prueba
Era algo que yo me repetía mucho para no estar continuamente juzgando a la persona que me atacaba de esa forma casi diariamente.
Me recordaba que ella solo era un canal y que dependía de mí cómo yo jugaba esa carta que tenía para ganar la partida y pasar al siguiente nivel o repetirla de nuevo.
Cuando la lección no se aprende, la vida te volverá a traer la misma situación a través de otra persona, así que de nada sirve que huyas porque volverá.
Sí, reconozco que vivir conscientemente requiere valentía y resiliencia para ir superando cada prueba.
Por algún motivo despertaste en esta vida y te conviene hacerte responsable de ello para tu evolución, porque eso es lo único que te vas a llevar una vez tu cuerpo decida trascender al otro plano.
A veces el cuerpo está exhausto, pero la luz sigue creciendo
En mi interior había tranquilidad.
La verdad, la ansiedad no había asomado cabeza ya hacía unos días. No sé si era agotamiento emocional, cansancio de vivir, mi cuerpo se sentía exhausto, aunque, a la vez, cada vez veía más cerca el fin del combate y la chispita de luz iba creciendo.
Decidí que iba a dejar de buscar soluciones y me enfocaría en usar las herramientas que ya tengo, y que iba a permitir que la vida me sorprenda.
Sin expectativas, todo se hace más llevadero.
Algo dentro de mí repetía:
“Todo lo que estás viviendo tiene un propósito superior, confía y sigue”.
Y no sabía hacia dónde iba.
Sin rumbo, mi alma iba moviendo mi vida y dándole sentido.
Otras veces la vida se siente como un combate
Yo no entendía nada ni veía por dónde me venían los golpes.
Me sentía como cuando me ha tocado de pareja en clase de taekwondo hacer combate con alguien que tiene mucha energía y no para, y te caen las patadas por todos lados hasta que el árbitro dice “KUMAN” (fin del combate).
Pues eso es lo que yo esperaba: que la vida me diga fin del combate, ya puedes descansar, has vencido el asalto.
Pasaban los días y seguía aparentemente todo igual externamente, aunque en mi interior cada vez había más resiliencia, calma, confianza y paciencia.
La paciencia es la madre de la ciencia y, para mí, también de la inteligencia.
Cuando la practicamos, nos sentimos mejor con nosotros y con los demás; por consecuencia, es una decisión inteligente.
Y cada vez comprendía más la frase de:
“Lo más importante no es lo que consigues, sino en quién te conviertes en el camino”.
La resiliencia también se entrena
¡Y wow!
¿Cómo se puede conseguir el valor de la resiliencia si la vida no te pone retos que superar para que trabajes ese músculo?
No puede crecer de otra forma que entrenándolo, ¿cierto?
Recorriendo todo este camino de duro entrenamiento, sabía que se avecinaba el próximo salto cuántico.
La fe me mantenía enfocada en ello, junto a la meditación, la coherencia con mis valores día a día y, sobre todo, hacer lo que me pedía mi alma en todo momento, fuera escribir un artículo como ahora o darme un paseo a las 11 p. m. por el bosque.
Finalmente dejas que tu alma guíe
El alma no tiene miedo, ella confía y sabe hacia dónde va.
Déjalo en sus manos, permite que guíe tu vida y verás el giro de consciencia y cómo cambia tu forma de apreciar la realidad.
Quítate de en medio, vivirás más tranquilo.
Con todo mi amor y deseando que os sirva de inspiración, almas valientes.
Os amo,
Desireé.
M A R A V I L L O S O
Muchas gracias nuevamente por mantener estos ojos pegados a la pantalla y está mente resonando y estudiando cada palabra que nos compartes, cada reflexión y cada enseñanza que va quedando aqui, asombroso de verdad como nos expresas situaciones que nos suceden a todos desde un punto de vista más profundo y con contexto y experiencias propias. Encantado de ser uno más de tus lectores que disfruta una tarde de sábado leyendo tan inspiradora narrativa. Gracias Desi te amamos.
Hola Uki!! Muchas gracias a ti por recibirlo y darte el espacio de leer, reflexionar y conectar contigo a través de estas palabras 🙂 Te abrazo fuerte!!!! yo tb les amo!
Buenas noches Desirée. Mientras te leía vino a mi mente éste microrelato.
Juan llegó a la relojería con el rostro gris. Le dijo a Pablo el viejo relojero que había perdido el trabajo, que debía tres meses de alquiler y que su hija estaba enferma. Pablo siguió limpiando un engranaje y preguntó:
—¿Puedes hacer algo para resolverlo?
—Sí —respondió Juan—. Buscar trabajo, pedir ayuda, hablar con el casero…
—Entonces no te preocupes: ocúpate.
Juan se fue algo más ligero. Pero volvió a los pocos días: el casero no cedía, su hija empeoraba, las deudas crecían. Pablo lo miró con calma y volvió a preguntar:
—¿Puedes hacer algo?
—No —dijo Juan, con la voz rota—. Ya no hay nada que hacer.
—Entonces no te preocupes. Si tu problema tiene solución, ¿por qué preocuparte? Y si no la tiene, ¿por qué preocuparte?
Juan miró el reloj de pared. Seguía marcando la misma hora serena. Y por primera vez en semanas, respiró sin que el pecho le doliera.
Si el problema tiene solución, no te preocupes: actúa.
Si no tiene solución, tampoco te preocupes: acéptalo y suelta.
La preocupación no cambia el resultado; solo te roba la paz mientras puedes hacer algo o mientras aprendes a soltar. No se trata de no sentir, sino de no quedar atrapado en lo que no puedes cambiar.
Buenas tardes Aitor!! Qué hermosura de relato nos compartes y que fascinante que justo te viniera mientras leías el artículo, a veces las almas conectan más allá de lo que podemos imaginar, millones de gracias por permitirte exteriorizarlo y plasmarlo aquí, qué bendición. La conclusión vibra mucho en mí, que como bien dices «no tenemos que preocuparnos nunca» independientemente de si tiene o no solución ya que esto solo altera nuestro sistema nervioso, energético y demás para NADA en realidad. Esa palabra de cambiar el preocupate por el ocúpate siempre me ha sido de gran ayuda. Te mando un abrazo fuerte:)